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58 años después, el final de este western amado por Quentin Tarantino sigue causando una impresión increíble

No muchos lo conocen, pero Sergio Corbucci es uno de los grandes referentes del spaghetti western. Sus películas dejaron una huella imborrable en directores contemporáneos, y para ejemplo se encuentra Quentin Tarantino quien ha sido uno de sus fans más devotos. 

La influencia es innegable: Django de 1966 sirvió como base directa para que el director estadounidense filmara Django sin cadenas en 2012. Sin embargo, existe otra joya en la filmografía de Corbucci que es la obsesión de Tarantino: El gran silencio.

Estrenada en 1968, la recepción inicial de la película no fue precisamente un éxito masivo. En su natal Italia pasó sin pena ni gloria por las salas de cine, pero con el tiempo ganó el estatus de filme de culto, sobre todo en Estados Unidos, donde no tuvo un estreno formal sino hasta 2001. Hoy en día, los entusiastas del género la consideran, sin lugar a dudas, una de las obras cumbre de Corbucci y una pieza fundamental del cine del Oeste.

La historia se ambienta en Utah, justo antes de la histórica Gran Tormenta de Nieve de 1899. El frío despiadado de ese invierno obliga a forajidos, leñadores y campesinos sumidos en la miseria a bajar de los bosques para saquear los pueblos cercanos para sobrevivir. Esta situación de caos es el escenario perfecto para los cazadores de recompensas.

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En medio de este desierto helado seguimos a un pistolero mudo que asume la tarea de proteger a uno de estos grupos y a una joven viuda sedienta de venganza. Sus enemigos son un grupo de mercenarios despiadados liderados por un asesino sin escrúpulos y respaldados por un banquero corrupto.

El desenlace de esta cinta destaca como uno de los más brutales e inesperados de la historia del cine. Atención: a partir de aquí hay spoilers del final. El protagonista finalmente se ve cara a cara con su némesis. La tensión del momento se eleva gracias a la música de Ennio Morricone, cuya partitura vuelve inquietante el ambiente mientras la cámara de Corbucci se clava en los rostros fríos de ambos hombres.

Con las manos destrozadas por heridas previas, el héroe mudo está incapacitado para desenfundar rápido su revólver. A sabiendas de esto, el villano actúa con una cobardía absoluta y le dispara sin titubear con un tiro en la cabeza. El protagonista cae inerte sobre la nieve blanca. El espectador queda completamente descolocado y sin el clásico final feliz de Hollywood.

Esta crudeza visual y narrativa marcó profundamente a Tarantino. Para Los ocho más odiados, el realizador tomó prestado no sólo el clima hostil y los paisajes cubiertos por un manto de nieve implacable, sino también la colaboración del mismísimo Morricone para musicalizar su película. Así lo recaba un artículo de The New York Times

«Según Tarantino, sus mayores influencias para la película no fueron las películas sobre la esclavitud estadounidense, sino los spaghetti westerns del director italiano Sergio Corbucci. Explica cómo las películas de Corbucci se convirtieron en la inspiración para su propio spaghetti western sureño».

Este desenlace funciona como un golpe en seco que, incluso a casi seis décadas de distancia, aún duele verlo como la primera vez. Y en caso de que gustes visitar este filme, puedes adquirir El gran silencio disponible en Amazon.

Imágenes | IMDb

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