Los nuevos multimillonarios de la IA quieren donar su fortuna… y no deberíamos celebrarlo
David Silver es multimillonario, más o menos. Su participación en Ineffable Intelligence, el laboratorio de IA que él mismo fundó, tiene un valor astronómico. Pero no planea quedarse con nada de ese dinero.
Entre 2013 y 2025, Silver trabajó como investigador en Google DeepMind. Se especializó en el aprendizaje por refuerzo, un método para entrenar a un modelo de IA mediante retroalimentación positiva y negativa. En 2016, dirigió el desarrollo de AlphaGo, que se convirtió en la primera IA en derrotar a un campeón humano en el juego del Go y fue aclamada como una forma limitada de superinteligencia. Silver renunció para fundar Ineffable Intelligence en enero, apostando por que los avances en el aprendizaje por refuerzo reducirán la brecha entre la cognición humana y la de las máquinas en todos los ámbitos.
Cuando fundó Ineffable Intelligence, Silver recaudó 1.1 mil millones de dólares de inversionistas con una valoración de 5.1 mil millones de dólares, lo que, según se informa, supuso la mayor ronda de financiación inicial de la historia de Europa. También se comprometió a donar a organizaciones benéficas todo el dinero que obtuviera de cualquier venta futura de su empresa.
«Estuve reflexionando sobre qué podía hacer para tener el máximo impacto en el mundo. No solo a través del trabajo que realizo, sino también a través de los fondos que obtengo en el proceso», explica Silver a WIRED en una entrevista en su oficina de Kings Cross, en Londres, a la vuelta de la esquina de la sede de DeepMind.
Decidirá cómo destinar los fondos una vez que venda su empresa, pero su ambición es «salvar tantas vidas como sea posible».
Los millonarios de IA no quieren quedarse con un centavo
Silver es el último de una lista cada vez mayor de fundadores de empresas de IA que se comprometen a destinar los ingresos de la venta de sus acciones a organizaciones benéficas. Entre otros se encuentran Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind y CEO de IA en Microsoft, y Anton Osika, fundador de la plataforma de programación automatizada Lovable. Si OpenAI y Anthropic salen a bolsa tal y como está previsto, creando miles de nuevos millonarios en el proceso, el sector de la IA podría llegar pronto a representar una proporción cada vez mayor de la filantropía tecnológica.
Sin embargo, junto con una nueva generación de tecnofántropos, surge una maraña de preguntas sin resolver: ¿La filantropía es la forma más apropiada de redistribuir la riqueza? ¿Hasta qué punto son responsables los grandes donantes de algunos de los problemas que pretenden solucionar? ¿Podría una promesa de donación que aumenta con el éxito de una empresa justificar prácticas comerciales poco éticas o un aceleracionismo temerario? ¿Y acaso esta ocasión es diferente de las anteriores iniciativas filantrópicas de Silicon Valley?
«No siempre se puede recurrir al capitalismo para resolver problemas que surgen de sus propias prácticas, como la concentración extrema de la riqueza y el aumento de las desigualdades. Es como pedirle al pirómano que apague la casa que acaba de incendiar», afirma Linsey McGoey, profesora de sociología en la Universidad de Essex y autora de No Such Thing as a Free Gift.
Silver formalizó su compromiso filantrópico a través de Founders Pledge , una organización sin fines de lucro que ayuda a los emprendedores a donar su patrimonio. A diferencia de Giving Pledge, un compromiso público pero no vinculante, Founders Pledge exige que los participantes firmen un contrato. «La decisión de hacer una promesa vinculante fue muy importante», asegura Silver.
Founders Pledge existe desde 2015. Sin embargo, el valor de los compromisos registrados por la organización benéfica se ha disparado recientemente, pasando de 400 millones de dólares en 2023 a 4,000 millones de dólares en lo que va de año. El sector de la IA representa ahora un tercio del total de compromisos acumulados.
DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://es.wired.com/articulos/los-nuevos-multimillonarios-de-la-ia-quieren-donar-su-fortuna-y-no-deberiamos-celebrarlo





