Japón tiene por primera vez más de 100,000 centenarios y la mayoría son mujeres

Hay países donde llegar a los 100 años todavía es una excepción. Japón acaba de cruzar una barrera que hace unas décadas parecía difícil de imaginar: el país ya tiene más de 100,000 personas de 100 años o más, de acuerdo con las cifras de su Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar. Es la primera vez que el número supera esa marca y también representa el 56.º año consecutivo de crecimiento.
Pero hay un dato todavía más llamativo. De las 107,677 personas centenarias que aparecen en las cifras del material, 94,298 son mujeres y 13,379 son hombres. Eso significa que las mujeres representan alrededor del 87.6% de todas las personas que han llegado al siglo de vida.
Y aquí es donde la historia deja de ser solamente una curiosidad sobre personas que viven muchísimo tiempo. Japón está mostrando lo que ocurre cuando una población envejece durante varias generaciones, mientras las nuevas generaciones son cada vez más pequeñas.
En 1963 había solamente 153 centenarios
Para entender hasta dónde ha llegado Japón, hay que regresar varias décadas. El país comenzó a registrar oficialmente a las personas de 100 años o más en 1963, y en aquel momento había solamente 153 centenarios en todo Japón. Desde entonces, la cifra no dejó de crecer.
El número superó los mil en 1981, llegó a 10,000 en 1998 y pasó de 50,000 en 2012. En el recuento más reciente ya supera los 100,000, lo que significa que Japón pasó de tener 153 personas centenarias a más de 100,000 en poco más de seis décadas.
No es que una generación completa haya encontrado la fórmula para vivir exactamente un siglo. Lo que hay detrás es algo mucho menos espectacular, pero bastante más importante: décadas de mejoras en las condiciones de vida, la nutrición, la atención médica y la tecnología sanitaria que han permitido que más personas sobrevivan hasta edades cada vez más avanzadas.
Casi nueve de cada 10 centenarios son mujeres
La enorme diferencia entre hombres y mujeres tampoco apareció de repente al cumplir los 100 años. Forma parte de una brecha de longevidad que se acumula durante distintas etapas de la vida y que termina siendo todavía más visible cuando hablamos de edades extremas.
Japón tiene desde hace décadas una esperanza de vida elevada y las mujeres viven, en promedio, más años que los hombres. Por eso, cuando una población llega a edades tan avanzadas, la diferencia termina siendo difícil de ignorar: casi nueve de cada 10 personas que han alcanzado el siglo de vida son mujeres.
Pero los 100 años son solamente una parte de la transformación. La pregunta más importante está ocurriendo mucho antes, porque una sociedad no envejece únicamente cuando aparecen más centenarios; también lo hace cuando las generaciones nuevas comienzan a ser más pequeñas.
El problema no son los que llegan a los 100, sino los que ya no están naciendo
Tener más personas que alcanzan edades avanzadas es, en sí mismo, una consecuencia de que la población haya conseguido sobrevivir más tiempo. La dimensión del cambio se entiende mejor cuando se ponen junto a esa cifra los datos de nacimientos y defunciones.
En 2024 nacieron 686,061 niños, de acuerdo con el Ministerio de Salud japonés, mientras que la tasa global de fecundidad cayó a 1.15 hijos por mujer, también un nuevo mínimo. Fue además la primera vez que el número de nacimientos bajó de 700,000 desde que comenzaron los registros comparables.
Y la distancia entre nacimientos y defunciones todavía hace más evidente el problema. Ese mismo año, Japón registró alrededor de 1.61 millones de muertes, más del doble de los nacimientos. Mientras más personas llegan a edades avanzadas, entran muchas menos personas nuevas a la población.
Eso no significa que los centenarios sean responsables del envejecimiento de Japón. El cambio viene de varias tendencias demográficas que avanzan al mismo tiempo: una población que vive más, menos nacimientos y generaciones jóvenes cada vez más pequeñas, y ahí está el verdadero reto.

Vivir más años obliga a rediseñar una sociedad
Una población longeva necesita mucho más que hospitales; también requiere pensiones sostenibles, vivienda adecuada, transporte accesible, sistemas de cuidados de larga duración y nuevas formas de participación laboral y social. Cuando cambia la edad promedio de una población, prácticamente todo termina sintiendo el efecto.
También obliga a replantear una idea que durante mucho tiempo parecía sencilla: que después de cierta edad las personas dejan de formar parte de la población económicamente activa y pasan a depender de las generaciones más jóvenes. Cuando cada vez hay más personas mayores y menos jóvenes, esa estructura deja de funcionar de la misma manera.
No todas las personas envejecen igual ni necesitan los mismos apoyos. El propio Ministerio de Salud japonés ha destacado que el aumento de la esperanza de vida saludable permite que muchas personas mayores continúen participando activamente en la sociedad.
Por eso, el reto no es solamente sumar años. También consiste en conseguir que esos años puedan vivirse con autonomía, salud y participación, algo que obliga a replantear cómo funciona una sociedad entera.
México todavía no está ahí, pero el cambio ya comenzó
Japón y México no parten del mismo punto. Nuestro país todavía tiene una estructura de población más joven, pero el envejecimiento también ya forma parte de la ecuación y las proyecciones muestran que habrá que prepararse para una población donde las personas mayores tengan cada vez más peso.
Las proyecciones de CONAPO retomadas por INAPAM estiman que en 2025 México tenía 17.1 millones de personas de 60 años o más, equivalentes a 12.8% de la población. Para 2030 representarían 14.96% y para 2070 llegarían a 34.2%.
Eso significa que, de mantenerse esas proyecciones, más de una de cada tres personas en México tendrá 60 años o más para 2070. El cambio todavía no tiene la escala de Japón, pero ya no es una discusión sobre un futuro lejano: las generaciones que vivirán esa transformación ya están aquí.
La ENASEM 2024 del INEGI contabilizó además 32 millones de personas de 50 años o más en México. La encuesta da seguimiento a esta población para estudiar, entre otras cosas, su salud, condiciones económicas, limitaciones para realizar actividades cotidianas y proceso de envejecimiento.
México todavía tiene margen para adaptarse, pero cada vez será más difícil pensar en el envejecimiento como algo que ocurrirá «algún día».


Japón está mostrando lo que ocurre cuando vivir 100 años deja de ser una rareza
Ese grupo de centenarios cuenta una historia mucho más grande que la de un conjunto de personas que consiguió vivir un siglo. Son la parte más visible de una transformación que comenzó hace décadas y que ahora está modificando la estructura completa de la población.
La pregunta ya no es solamente por qué hay tantas personas que llegan a los 100 años. ¿Qué ocurre cuando cumplir un siglo deja de ser una rareza y empieza a convertirse en una característica permanente de una sociedad? Japón está viviendo esa transformación antes que muchos otros países. México todavía tiene margen para adaptarse, pero sus propias proyecciones muestran que será necesario modificar la forma en que pensamos la vivienda, el trabajo, los cuidados y la vida después de los 60.
Al final, la discusión no es solamente cuánto tiempo podremos vivir. También es qué tipo de sociedad vamos a construir para personas que vivirán mucho más tiempo que las generaciones que las precedieron.
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