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Cómo usan la tecnología los ambientalistas latinoamericanos para defender y sanear territorio

Aunque los pueblos indígenas representan el 6% de la población mundial, protegen el 80% de la biodiversidad de la Tierra y administran una cuarta parte de la superficie terrestre. Los resultados saltan a la vista, pues las tasas de deforestación en sus territorios son hasta 25% menores que el promedio global. Estos datos, informados por el Foro Económico Mundial en 2023, muestran que la protección ambiental ocurre en el territorio.

La labor no es ajena a lo digital. En distintas regiones, comunidades indígenas y otros defensores ambientales emplean herramientas como imágenes satelitales, sistemas de monitoreo comunitario y generan datos para vigilar sus territorios, registrar actividades ilegales y documentar evidencia para la defensa legal y ambiental.

De hecho, la producción académica sobre el uso de tecnología aplicada a la sostenibilidad ambiental creció de forma exponencial y alcanzó su pico en 2025 con más de 170 publicaciones en un solo año, acorde con el análisis ‘Innovación tecnológica para la vigilancia medioambiental de ecosistemas estratégicos: implicaciones para la sostenibilidad’, publicado por Frontiers in Environmental Science.

China, Alemania y Estados Unidos concentran la producción científica en la materia. América Latina y África, donde se ubican algunos de los ecosistemas más amenazados y donde operan los defensores más expuestos, la participación es limitada debido a la escasez de recursos. Los siguientes tres casos, en México, Guatemala y Perú ilustran esta lucha: una científica y diversas asociaciones indígenas recurren a la tecnología para contribuir al saneamiento y a la defensa de la naturaleza.

Para el despliegue del vehículo, la doctora Refugio se apoya en jóvenes estudiantes interesados en proyectos de impacyo social.

Foto: Jesús Vázquez

México: Las nanoburbujas que devuelven la vida a los lagos

El lago del Bosque de San Juan de Aragón presenta un color verde espeso. Las 12 hectáreas que conforman el largo artificial más grande de la Ciudad de México muestran un proceso de eutrofización, es decir, una acumulación excesiva de nutrientes, como nitrógeno y fósforo, que favorece la proliferación de microalgas. El problema es que este crecimiento descontrolado bloquea la luz solar e impide la fotosíntesis de otras especies que habitan en el fondo.

Además, algunas de estas algas generan cianotoxinas, compuestos nocivos para los organismos de agua dulce. Aunado a ello, cuando el agua pierde oxígeno, proliferan microorganismos anaerobios que generan gases como metano, dióxido de carbono y anhídrido sulfhídrico: un coctel perjudicial para la vida acuática y potencialmente tóxico también para las personas.

Desde el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) se formuló una respuesta y fue puesta a prueba en el Festival de Humedales 2026, celebrado en febrero pasado. La doctora Refugio Rodríguez Vázquez, desarrolladora de la tecnología, llegó con dos vehículos flotantes impulsados por paneles solares, capaces de navegar solos (mediante una ruta programada) o vía control remoto. Los puso en el humedal artificial con forma de caracol, en una sección de 80 metros por 30 metros, y encendió el sistema. Una hora después, contrastó el agua, antes y después del proceso, y el verde denso fue reemplazado por tonos dorado, luego café claro. Las microalgas comenzaban su retiro.

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Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://es.wired.com/articulos/como-usan-la-tecnologia-ambientalistas-latinoamericanos

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