Crece por decenas el número de enfermedades atribuibles al alcohol, pero algunas son reversibles, dice estudio

En la actualidad, el debate sobre el alcohol y la salud ha oscilado entre dos extremos. Por un lado, la evidencia de sus daños ya es abrumadora: enfermedades hepáticas, accidentes, cáncer y adicciones, entre muchas otras afectaciones. Por otro, algunos estudios han sugerido que beber de forma moderada podría proteger contra ciertos problemas cardiovasculares. Un nuevo análisis revisa miles de estudios epidemiológicos y genéticos para presentar el resumen “costo-beneficio” más detallado hasta ahora sobre el consumo de alcohol.
El estudio, publicado en la revista científica Addiction, fue elaborado por investigadores de universidades y centros de salud pública de Canadá, Estados Unidos y Europa. Los autores revisaron metaanálisis de estudios de cohorte (investigaciones que siguen a miles de personas durante años) y también estudios de aleatorización mendeliana, una técnica genética diseñada para estimar revelaciones causales con menor riesgo de sesgos.
Los investigadores identificaron 62 enfermedades 100% atribuibles al alcohol según la nueva clasificación internacional de enfermedades CIE-11, frente a las 48 reconocidas anteriormente. Entre ellas se encuentran algunas bastante axiomáticas, como la intoxicación alcohólica o la dependencia al alcohol. También hay ciertas cardiomiopatías y el síndrome alcohólico fetal (el cual ocurre por consumo de alcohol durante el embarazo, atravesando la placenta y dañando el cerebro y los órganos del bebé en desarrollo).
Pero la mayor parte del daño no proviene de enfermedades exclusivas del alcohol, sino de padecimientos en los que el consumo aumenta el riesgo junto con otros factores. Ahí aparecen distintos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes, infecciones y trastornos neurológicos.
Respecto al cáncer
Los autores señalan que existe evidencia causal sólida para al menos siete tipos de cáncer: boca, faringe, esófago, colon y recto, laringe y mama. Además, hay señales crecientes de que también podría aumentar el riesgo de cáncer de estómago, páncreas y vías biliares.
Las razones biológicas son muchas. Cuando el cuerpo metaboliza el alcohol, produce acetaldehido, una sustancia capaz de dañar el ADN. Además, el alcohol favorece el estrés oxidativo y la inflamación, altera hormonas como el estrógeno y facilita la absorción de otros carcinógenos, como los presentes en el humo del tabaco. A mayor consumo, mayor riesgo.
Respecto al corazón
La situación se vuelve más compleja en las enfermedades cardiovasculares. Los metaanálisis revisados por los autores muestran una relación en forma de “J” para enfermedades cardíacas y algunos tipos de infarto cerebral. Esto significa que las personas que consumen pequeñas cantidades de alcohol, sin episodios de consumo excesivo, podrían presentar un riesgo ligeramente menor que quienes no beben nada. No obstante, a partir de ciertos niveles de consumo, el riesgo aumenta rápidamente.
El problema es que los estudios genéticos más recientes no confirman con claridad ese posible efecto protector. La mayoría encontró asociaciones nulas o incluso perjudiciales. Aun así, los autores consideran que la evidencia genética todavía es insuficiente para descartar completamente la famosa curva en “J”, porque muchos de esos estudios no lograron diferenciar entre consumo moderado y episodios intensos de bebida.
“Aunque ahora sabemos mucho sobre los efectos del alcohol en la salud, sigue siendo controvertido si un consumo moderado es beneficioso para el corazón”, apunta Jürgen Rehm, coautor y científico senior del Centro Canadiense para la Adicción y la Salud Mental (CAMH). “Tras analizar tanto los estudios de cohortes como los estudios de aleatorización mendeliana, con todas sus posibles ventajas y sesgos, concluimos que no hay suficiente evidencia para descartar un efecto beneficioso del consumo de alcohol en la cardiopatía isquémica y el accidente cerebrovascular isquémico”.
Cabe mencionar que el patrón de consumo parece ser tan importante como la cantidad total ingerida. Los llamados episodios de consumo excesivo (ingerir grandes cantidades de alcohol en una sola ocasión) eliminan cualquier posible beneficio cardiovascular y aumentan el riesgo de hipertensión, arritmias, accidentes cardiovasculares y muerte súbita.
Respecto al cerebro
El consumo excesivo de alcohol aumenta el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Los autores citan estudios donde la dependencia al alcohol se asocia fuertemente con demencia de aparición temprana, antes de los 65 años.
En cambio, el efecto del consumo ligero o moderado sobre la demencia sigue siendo incierto. Algunos estudios observacionales sugieren posibles beneficios en adultos mayores, mientras otros detectan daño cerebral incluso con niveles menores de consumo. Ante esas contradicciones, los investigadores recomiendan un enfoque conservador, es decir, considerar únicamente el efecto perjudicial del consumo pesado al estimar la carga de enfermedad atribuible al alcohol.
Respecto daños a terceros
Otro aspecto importante del estudio es que reconoce que el daño del alcohol no afecta únicamente a quien bebe. La nueva clasificación internacional CIE-11 incluye explícitamente los daños a terceros, como las alteraciones durante el embarazo que pueden causar trastornos del espectro alcohólico fetal. También se destaca el enorme peso de las lesiones relacionadas con intoxicación aguda, como accidentes de tránsito, caídas, violencia y autolesiones.
Incluso concentraciones relativamente bajas de alcohol en la sangre deterioran la coordinación, el tiempo de reacción y la toma de decisiones. Por eso, el riesgo de lesiones aumenta desde niveles bajos de intoxicación y se intensifica rápidamente conforme sube el consumo.
¿Qué daños podrían ser reversibles?
- Riesgos a corto plazo, como lesiones o exponerse a infecciones de transmisión sexual; estos ocurren principalmente durante la intoxicación y disminuyen al dejar de beber.
- El alcohol debilita temporalmente el sistema inmunitario. Si bien el sistema inmunitario puede recuperarse tras dejar de beber, el consumo excesivo y prolongado de alcohol puede causar daños permanentes.
- Muchas enfermedades crónicas relacionadas con el alcohol, como la cirrosis y las cardiopatías, no son totalmente reversibles. Sin embargo, reducir el consumo de alcohol puede ralentizar la progresión de la enfermedad.
- Algunas afectaciones cardiovasculares se recuperan en cuestión de días o semanas tras la abstinencia.
- El daño cerebral causado por el consumo excesivo de alcohol puede recuperarse parcialmente con la abstinencia prolongada, aunque pueden persistir riesgos de desarrollar demencia.
Conclusiones
A pesar del enorme volumen de evidencia revisada, los autores reconocen que estudiar los efectos del alcohol sigue siendo extremedamente difícil. Muchas investigaciones dependen de reportes personales poco precisos y suelen medir el consumo solo una vez, aunque los hábitos cambien con el tiempo. Además, resulta casi imposible realizar ensayos clínicos de largo plazo que asignen de manera aleatoria a personas a beber o no beber.
No obstante, la evidencia general muestra que el alcohol incrementa el riesgo de numerosas enfermedades graves, especialmente cuando el consumo es elevado. “Nuestra revisión de la evidencia actual sobre los efectos del alcohol en la salud nos lleva a una conclusión cautelosa pero clara: el alcohol es una causa importante de enfermedades y lesiones, y sus daños superan cualquier beneficio potencial”, sentenció Sinclair Carr, primer autor del estudio.
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