La fertilidad podría recuperarse tras el cáncer a partir de tejido testicular congelado en la infancia

Por primera vez, un ensayo clínico demostró que el tejido testicular obtenido y congelado antes de la pubertad puede restaurar la producción de esperma en la edad adulta. Aunque el avance aún requiere validación por pares, podría impulsar el desarrollo de terapias futuras que permitan a los niños sometidos a tratamientos médicos agresivos, como la quimioterapia, preservar su función testicular y, eventualmente, recuperar su capacidad reproductiva al alcanzar la madurez.
Se estima que alrededor de un tercio de los varones expuestos a terapias gonadotóxicas durante la infancia desarrollan disfunción testicular. Investigaciones previas sugieren que el trasplante autólogo de tejido testicular inmaduro criopreservado podría ser una alternativa para recuperar la espermatogénesis en la adultez. Este enfoque se ha validado en diversos estudios preclínicos realizados en múltiples especies, incluidos algunos primates no humanos.
No obstante, un nuevo ensayo dirigido por Ellen Goossens, profesora de la Universidad Libre de Bruselas, documentó el primer caso exitoso en humanos con esta técnica.
El procedimiento se llevó a cabo en un hombre de 27 años al que se le extirpó un testículo en 2008, antes de someterse a quimioterapia previa a un trasplante de médula ósea para tratar anemia falciforme. El órgano extraído durante su niñez fue dividido en pequeños fragmentos de 4 a 21 milimitros cúbicos que posteriormente se congelaron.
El año pasado, once de esos fragmentos fueron descongelados y se injertaron en cuatro sitios del testículo restante y en cuatro zonas bajo la piel del escroto. Tras doce meses, los implantes fueron retirados para su análisis en laboratorio.
Los investigadores determinaron que dos de los injertos intratesticulares recuperados produjeron espermatozoides maduros, que fueron recolectados y criopreservados para estudios posteriores. En el artículo preliminar, los autores señalan que estas células no llegarán de forma natural al semen, ya que los injertos no están conectados directamente al conducto deferente. Sin embargo, no descartan que puedan tener propiedades reproductivas útiles en procedimientos de reproducción asistida, como la inseminación artificial.
En declaraciones retomadas por The Guardian, Goossens afirmó que, en una primera evaluación, los espermatozoides aislados parecían normales. No obstante, reconoció que aún es necesario realizar pruebas adicionales para determinar si tienen la capacidad de fertilizar un óvulo.
A pesar de esta limitación, la especialista considera que el hallazgo ofrece esperanza a muchas personas que enfrentan infertilidad como consecuencia de tratamientos de quimioterapia o radioterapia durante la infancia. “Es una gran noticia para los pacientes de quienes ya tenemos tejido almacenado”, señaló.
Una esperanza para los pacientes infatiles de cáncer
Los varones que se someten a terapias oncológicas durante la pubertad tienen la posibilidad de almacenar espermatozoides maduros para su uso posterior en fecundación in vitro. Esta opción, sin embargo, no es viable para pacientes prepúberes.
Desde 2002, el Hospital Universidad Libre de Bruselas se ha posicionado como una de las primeras instituciones en almacenar tejido testicular de pacientes infantiles, bajo una premisa sustentada en principios biológicos: los testículos inmaduros contienen células madre espermatogoniales (precursoras de los espermatozoides) y células de Sertoli, fundamentales para nutrir y sostener su desarrollo.
Los impulsores de este enfoque sostienen que, al congelar el tejido y mantener vivas estas células, se preserva su potencial reproductivo. La hipótesis señala que, al reimplantarlas en su entorno natural, pueden reactivarse y funcionar de manera relativamente normal.
Aunque Goossens y su equipo reconocen que aún es pronto para hablar de una restauración completa de la fertilidad mediante esta técnica, subrayan que su ensayo demuestra que, al menos en términos conceptuales, el enfoque es viable en humanos.
“Estos hallazgos muestran que el tejido testicular humano inmaduro puede sobrevivir a la crioconservación a largo plazo, revascularizarse tras el trasplante y restablecer la espermatogénesis in vivo. Este estudio proporciona una prueba de concepto clave para la restauración de la fertilidad en personas que preservaron tejido testicular antes de la pubertad”, concluyen los autores en el artículo preliminar publicado en MedRxiv.
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