Dos jóvenes construyeron un robot barato que hace una tarea que ni todos los agricultores pueden automatizar

Si un robot puede ensamblar un automóvil en cuestión de segundos, cualquiera pensaría que recoger una fruta sería mucho más sencillo. La realidad es exactamente la contraria. Para la robótica, distinguir una fruta madura sigue siendo uno de los mayores desafíos de la agricultura moderna, y cada fruto crece en un lugar distinto, madura a su propio ritmo, puede esconderse entre hojas y ramas y, además, basta un movimiento demasiado brusco para dañarlo y hacer que pierda su valor comercial.
Lo curioso es que el problema nunca fue construir un brazo capaz de cortar una fruta y eso la ingeniería lo resolvió hace años. Lo complicado venía después: enseñarle a una máquina a tomar la misma decisión que un agricultor experimentado y saber exactamente cuál fruta ya está lista para cosecharse.
Ese fue el desafío que dos jóvenes investigadores decidieron enfrentar con DragonBot, un robot de bajo costo capaz de identificar únicamente las pitayas maduras y recogerlas de forma autónoma sin afectar las demás. Y ahí está lo realmente interesante: aunque nació para un cultivo muy específico, también demuestra hacia dónde se dirige la agricultura, con máquinas que empiezan a tomar decisiones que, hasta hace poco, parecían exclusivas de las personas.
Recoger fruta es mucho más difícil de lo que parece
A diferencia de una fábrica, donde cada pieza siempre ocupa el mismo lugar, un campo nunca se comporta igual dos veces. Una pitaya puede crecer detrás de una rama, quedar parcialmente cubierta por hojas o aparecer pegada a otra fruta que todavía necesita varios días más para madurar.
Ahí está el verdadero desafío. El robot no solo tiene que encontrar la fruta correcta, también debe decidir si realmente está lista para cosecharse, calcular la mejor trayectoria para alcanzarla y sujetarla con suficiente fuerza para desprenderla, pero sin dañarla.
En otras palabras, necesita ver, interpretar y actuar en cuestión de segundos. Parece una tarea sencilla para cualquier agricultor y para un robot sigue siendo uno de los mayores desafíos de toda la agricultura moderna.
Y ese problema no es exclusivo de España. En México, gran parte de la cosecha de frutas continúa dependiendo del trabajo manual. De acuerdo con el Censo Agropecuario 2022 del INEGI, millones de personas participan cada año en actividades agrícolas, una muestra de que la experiencia humana sigue siendo indispensable para tareas donde aún no basta con detectar una fruta: también hay que decidir si ya es momento de cortarla.
DragonBot aprendió a distinguir las frutas maduras
Ahí es donde entra DragonBot. El robot fue desarrollado por investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV) como una alternativa accesible para los productores de pitaya.
Funciona casi como si tuviera ojos. Utiliza cámaras de visión artificial e inteligencia artificial para analizar el color, la forma y el grado de maduración de cada fruto.

Cuando detecta una pitaya lista para cosechar, acerca un brazo mecánico equipado con una pinza flexible y un sistema de corte que desprende únicamente esa pieza, dejando intactas las demás.
Parece sencillo, pero detrás hay cientos de imágenes utilizadas para entrenar al algoritmo y enseñarle a distinguir entre frutas maduras, inmaduras o parcialmente ocultas entre las ramas.
Lo interesante es que también busca ser barato
Otro detalle llamativo es que DragonBot no pretende ser el robot agrícola más sofisticado del mercado. Sus creadores buscaron exactamente lo contrario. Mientras muchas soluciones agrícolas requieren maquinaria industrial con precios difíciles de asumir para pequeños productores, este proyecto utiliza componentes comerciales y tecnologías relativamente accesibles.
La intención es clara: que automatizar la cosecha no sea una posibilidad reservada únicamente para las grandes empresas agrícolas. Además del brazo robótico, incorpora un vehículo de cuatro ruedas con suspensión independiente capaz de desplazarse entre los cultivos sin dañar las plantas.
Y ya empezó a dar resultados
Lo mejor es que DragonBot ya comenzó a demostrar que la idea funciona. Durante las pruebas realizadas por los investigadores, logró identificar correctamente la mayoría de las pitayas listas para cosechar y recogerlas con un nivel muy bajo de daño.
Según los resultados publicados por el equipo, el robot alcanzó una tasa de éxito superior al 75 % en la recolección de frutos maduros, mientras que menos del 12 % presentó algún tipo de daño durante el proceso.
Todavía queda camino por recorrer, pero los investigadores consideran que el proyecto demuestra que este tipo de tareas pueden automatizarse sin necesidad de recurrir a equipos extremadamente costosos.
México conoce muy bien ese problema
Aunque DragonBot fue diseñado para trabajar con pitayas en España, el desafío que intenta resolver también existe en el campo mexicano. México es una potencia agrícola.
De acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), el país figura entre los principales productores mundiales de alimentos como aguacate, limón, mango, tomate y diversas berries.
Todos esos cultivos comparten el mismo reto. Basta pensar en un aguacate o un mango. Si se corta antes de tiempo, pierde calidad; si se deja demasiado en el árbol, también puede perder valor comercial. Y si durante la cosecha recibe un golpe, muchas veces deja de cumplir con los estándares de exportación.


Por eso, aunque hoy ya existen drones, tractores autónomos y sistemas inteligentes para monitorear cultivos, la cosecha sigue dependiendo, en buena medida, de la experiencia humana.
Lo curioso es que la pitaya también se cultiva en México
El cultivo para el que fue diseñado DragonBot tampoco es ajeno al país. De acuerdo con el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS), México es uno de los principales centros de diversidad de distintas especies de pitaya (Stenocereus), muchas de ellas originarias del territorio nacional.
Actualmente, se cultiva en estados como Oaxaca, Michoacán, Jalisco, Zacatecas, Sinaloa, Sonora y Baja California Sur, donde representa una alternativa económica para cientos de productores.
Además, otro fruto de la misma familia, la pitahaya o fruta del dragón, ha ganado importancia comercial durante los últimos años. La Secretaría de Agricultura reporta una producción nacional superior a 11 mil toneladas, cultivadas en más de 2,100 hectáreas, con un valor cercano a 248 millones de pesos.
Eso ayuda a entender por qué tecnologías capaces de automatizar una cosecha tan delicada empiezan a despertar interés.
La inteligencia artificial ya está llegando al campo
DragonBot forma parte de una nueva generación de herramientas impulsadas por inteligencia artificial. Hoy ya existen sistemas capaces de detectar plagas mediante visión artificial, estimar cosechas con drones, identificar enfermedades en las plantas o calcular cuánta agua necesita un cultivo.
Pero recoger fruta sigue siendo una historia completamente distinta. Porque aquí no basta con mover un brazo mecánico; la máquina también tiene que decidir y esa capacidad para tomar decisiones en tiempo real es justamente lo que está empezando a cambiar la agricultura.


Mucho más que un robot para pitayas
Aunque DragonBot fue diseñado para un cultivo específico, la tecnología que utiliza podría adaptarse en el futuro a otras frutas delicadas. Y ahí es donde la historia también puede interesar a México.
Buena parte del campo mexicano sigue dependiendo de la recolección manual, especialmente en cultivos donde el momento exacto de la cosecha marca la diferencia entre una fruta de exportación y una que pierde valor.
Si sistemas como DragonBot logran perfeccionarse para trabajar con mango, berries, aguacate o pitaya, podrían ayudar a reducir pérdidas, mejorar la productividad y apoyar una actividad que sigue siendo fundamental para la agricultura mexicana.
Después de todo, reconocer cuándo una fruta está madura parece una decisión sencilla. Pero para un robot, sigue siendo uno de los problemas más complejos que la inteligencia artificial intenta resolver fuera de una fábrica.
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