El descubrimiento de los cuásares más antiguos del universo da nuevas pistas sobre los primeros agujeros negros

Por otra parte, la luz que llega desde los cuásares lejanos sufre un desplazamiento de longitud de onda, pasando de la luz ultravioleta al infrarrojo cercano, debido a la expansión del universo. Dado que la atmósfera terrestre emite luz precisamente en esta misma banda de longitudes de onda, resulta aún más difícil detectar estos objetos celestes tenues con telescopios terrestres.
Debido a estas limitaciones, se ha considerado casi imposible buscar cuásares desde la Tierra. La clave para superar este obstáculo ha sido una técnica de observación que combina los estudios de amplio alcance en luz visible e infrarrojo cercano realizados por Euclid (que opera fuera de la atmósfera terrestre) con el aprendizaje automático.
Euclid puede observar amplias zonas del cielo con gran precisión, sin verse afectado por la luz de la atmósfera que dificulta las observaciones terrestres. Además, mediante el uso de métodos estadísticos que combinan varios algoritmos para filtrar los candidatos, se ha logrado seleccionar de forma eficiente, entre decenas de millones de objetos celestes, los candidatos a cuásares que se ocultan entre estrellas y galaxias muy similares.
De los 123 candidatos seleccionados de este modo, los investigadores llevaron a cabo observaciones espectroscópicas (observaciones en las que se separa la luz por longitudes de onda para analizar sus componentes) con el telescopio Keck de Hawái, el telescopio Magallanes de Chile y el Gran Telescopio Binocular (LBT) de Arizona, y confirmaron que 31 de ellos eran cuásares auténticos.
En los estudios anteriores sobre los cuásares, no quedaba más remedio que encontrar estos raros objetos uno a uno y confirmarlos mediante observaciones espectroscópicas. Ahora, al disponer de una muestra de 31 objetos (suficiente para realizar análisis estadísticos), se puede asegurar que se ha entrado en una fase en la que es posible estudiar las propiedades de los cuásares primitivos de forma sistemática, considerándolos como un conjunto.
El misterio de los agujeros negros supermasivos más primitivos
Se llevó a cabo una investigación adicional detallada sobre el segundo cuásar más antiguo de entre los recién descubiertos. Como resultado, se descubrió que este cuerpo celeste se encuentra en el interior de una galaxia rica en polvo y gas, en la que se está produciendo una intensa formación estelar. Se considera que esto puede servir de pista para comprender en qué tipo de entorno crecieron los primeros agujeros negros supermasivos.
Estos cuásares se remontan a una época conocida como el periodo de la “reionización del universo”. Se cree que, durante este periodo, nacieron las primeras estrellas y galaxias, y que al ionizar (es decir, al convertir en un estado cargado eléctricamente) el hidrógeno neutro que hasta entonces llenaba el espacio cósmico, marcaron el rumbo de la evolución posterior del universo.
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