«El talento no tiene género ni nacionalidad; lo único que necesita es una oportunidad»; la experiencia que cambió su forma de entender el liderazgo

Cuando Blanca Treviño decidió estudiar una carrera relacionada con sistemas a finales de los años setenta, la industria tecnológica era muy distinta a la que hoy domina buena parte de la economía mundial. Las mujeres eran minoría en las aulas, casi no existían referentes femeninos al frente de empresas tecnológicas y fundar una compañía de software desde México sonaba como una apuesta reservada para muy pocos.
Abrirse camino significaba demostrar una y otra vez que la capacidad no dependía del género de quien estaba frente a una computadora y, con el tiempo, entendió que aquella experiencia no solo había marcado su carrera. También terminó cambiando la forma en que veía el liderazgo.
Después de fundar Softtek en 1982 y dirigir la empresa durante más de cuatro décadas, llegó a una conclusión que resume buena parte de lo que aprendió en ese recorrido: «El talento no tiene género ni nacionalidad; lo único que necesita es una oportunidad». La frase no nació como un discurso sobre diversidad, sino que surgió después de ver cómo muchas personas quedaban fuera antes incluso de tener la oportunidad de demostrar de lo que eran capaces.
Todo comenzó mientras construía una empresa en una industria donde casi no había mujeres
Cuando Softtek nació, México todavía estaba lejos de convertirse en un referente mundial en desarrollo de software. Aun así, Blanca Treviño apostó por un modelo de negocio que, con los años, llevaría a la compañía a operar en decenas de países y competir con algunas de las empresas tecnológicas más importantes del mundo.
Mientras ese crecimiento ocurría, también empezó a notar un patrón que se repetía constantemente. Conforme aumentaba la responsabilidad de los puestos, la presencia femenina disminuía, no porque faltara preparación o capacidad, sino porque muchas veces las oportunidades nunca llegaban a quienes podían aprovecharlas.
Fue ahí donde comenzó a formarse su visión sobre el liderazgo: el verdadero problema no siempre era encontrar talento, sino asegurarse de que todas las personas tuvieran la posibilidad de demostrarlo.
Descubrió que el talento no siempre era el problema
Con el paso de los años, Blanca Treviño comenzó a participar en consejos empresariales, conferencias y foros sobre liderazgo. Ahí volvió a encontrarse con una situación muy parecida.
Muchas organizaciones hablaban de igualdad de oportunidades, pero los puestos de mayor responsabilidad seguían ocupados por perfiles muy similares entre sí. Mientras tanto, otras personas tenían que demostrar mucho más para recibir exactamente la misma confianza.
En distintas entrevistas ha explicado que no siempre existe una intención deliberada de excluir a alguien. Muchas veces el obstáculo aparece en decisiones aparentemente pequeñas: quién recibe un ascenso, quién es invitado a liderar un proyecto o quién obtiene el beneficio de la duda cuando todavía está demostrando su potencial.

Fue esa experiencia la que dio origen a una de sus reflexiones más conocidas: el talento no entiende de género ni de nacionalidad. Lo que realmente necesita es que alguien esté dispuesto a darle una oportunidad.
La psicología también explica por qué el talento puede pasar desapercibido
La psicología organizacional lleva años intentando responder una pregunta muy parecida: ¿por qué dos personas con capacidades similares no siempre reciben las mismas oportunidades? Buena parte de la respuesta está en los llamados sesgos inconscientes, pequeñas ideas preconcebidas que pueden influir en nuestras decisiones incluso cuando creemos estar actuando con total objetividad.
La experiencia de Blanca Treviño parece coincidir con esas investigaciones. En muchos casos no basta con tener la preparación o la experiencia necesarias; también hay que romper expectativas que durante décadas han definido cómo «debería» verse un líder en determinadas profesiones.
La industria tecnológica, pese a estar asociada con la innovación, tampoco ha escapado de esos patrones. Por eso su frase no pretende negar que existan diferencias entre las personas.
Lo que recuerda es algo mucho más simple: el potencial solo puede demostrarse cuando primero existe la oportunidad de participar. Si esa oportunidad nunca llega debido a prejuicios o estereotipos, las empresas también terminan perdiendo talento.
Los números muestran que la historia de Blanca Treviño sigue siendo poco común en México
Más de cuarenta años después de la fundación de Softtek, la participación femenina en las carreras relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) continúa siendo considerablemente menor que la de los hombres.
Los datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ayudan a entender por qué la experiencia de Blanca Treviño sigue siendo una excepción. Aunque las mujeres representan la mayoría de la matrícula universitaria en México, solo una de cada tres personas que estudian una carrera STEM es mujer.


La diferencia continúa incluso después de graduarse. Apenas tres de cada diez profesionistas que trabajan en estas áreas son mujeres, lo que refleja cómo la representación femenina disminuye conforme se avanza del aula al mercado laboral.
En algunas disciplinas la brecha todavía es mayor. En tecnologías de la información y la comunicación, las mujeres representan apenas 23.7% de la matrícula, mientras que en ingeniería, manufactura y construcción su participación ronda 29.8%.
Paradójicamente, estudiar una carrera STEM suele abrir la puerta a mejores oportunidades laborales. El IMCO señala que las mujeres que trabajan en estas áreas perciben ingresos superiores, en promedio, a los de quienes estudiaron otras disciplinas y también presentan una mayor participación en el mercado laboral.
Sin embargo, muchas nunca llegan a esos espacios. Las diferencias aparecen mucho antes: al elegir una carrera, buscar el primer empleo o aspirar a un puesto de liderazgo. Es justamente ahí donde la reflexión de Blanca Treviño cobra sentido.
Cuando afirma eso, no solo habla desde su experiencia como directora de una empresa tecnológica, también resume un desafío que las cifras siguen mostrando en México.


Más que una frase sobre igualdad, es una reflexión sobre las oportunidades
Quizá la reflexión de Blanca Treviño sigue siendo relevante años después. No porque asegure que todos parten del mismo lugar ni porque presente una visión idealista del mundo laboral. Después de construir una de las empresas tecnológicas más importantes de México, llegó a una conclusión mucho más sencilla: el talento rara vez es el verdadero problema.
La psicología ha mostrado que los prejuicios pueden influir en nuestras decisiones incluso cuando creemos actuar con total objetividad. La trayectoria de Blanca Treviño parece confirmar esa idea desde la experiencia empresarial.
Al final, el potencial no necesita demostrar si pertenece a un hombre o a una mujer, ni si nació en un país u otro. Lo que realmente necesita es que alguien esté dispuesto a abrir la puerta para que pueda demostrar de lo que es capaz.
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