¿para qué sirven y qué significa?

La próxima vez que compres llantas para tu carro, antes de que salgas del taller mira los costados. Es posible que encuentres un pequeño punto amarillo, rojo o incluso blanco. Parece una marca puesta al azar y casi nadie le presta atención. Pero no está ahí por decoración ni porque el fabricante quiera identificar la llanta de una forma llamativa. Esa pequeña mancha le dice al técnico dónde colocar el neumático respecto al rin para conseguir un mejor equilibrio. Y sí, una marca que apenas mide unos milímetros puede terminar relacionada con una vibración bastante molesta en el volante.
El punto amarillo es quizá el más fácil de entender. Indica la zona más ligera del neumático. El vástago de la válvula, por otra parte, suele representar una de las zonas más pesadas del conjunto. Por eso, al instalar la llanta, la referencia amarilla debe quedar alineada con la válvula. La idea es compensar diferencias desde el propio montaje. Así, la máquina de balanceo puede requerir menos contrapesos para conseguir que la rueda tenga una distribución de peso adecuada. No significa que una llanta con ese punto sea mejor que otra. Es una referencia para quien tiene que montarla correctamente.

Esa diferencia puede producir vibraciones si la posición de la llanta respecto al rin no es la adecuada.
El punto rojo cuenta una historia distinta. Marca la zona con mayor variación de fuerza radial, conocida como RFV. Dicho de forma menos técnica, identifica el lugar del neumático que puede ejercer una fuerza mayor hacia fuera durante el giro. Esa diferencia puede producir vibraciones si la posición de la llanta respecto al rin no es la adecuada. En algunos modelos, el fabricante sustituye el punto por un triángulo rojo. El dibujo cambia, pero el significado es el mismo. Para el técnico, esa señal puede ser más relevante que la referencia amarilla porque señala una característica física del neumático.
Aquí es donde aparece un detalle que suele pasar desapercibido. Algunos rines también llevan una marca roja o un adhesivo que identifica su punto más bajo. Si el neumático tiene un punto rojo, ambas referencias deben coincidir durante el montaje. La razón es compensar las diferencias entre el rin y la llanta. De esa manera, el conjunto puede alcanzar un mejor equilibrio. Si aparecen los puntos amarillo y rojo en el mismo neumático, la prioridad es el rojo. Primero conviene corregir la variación de fuerza radial y después atender la diferencia de peso.

Fabricantes como Pirelli lo reconoce como una referencia útil para el montaje.
También existe una marca blanca, aunque resulta menos común. En este caso no habla del peso del neumático. Identifica la zona de mínima variación de fuerza radial, es decir, el sector más flexible de la llanta. Este código aparece en determinados neumáticos y fabricantes como Pirelli lo reconoce como una referencia útil para el montaje. Por eso, encontrar un punto blanco tampoco significa que exista una falla. Es otra señal destinada al proceso de instalación y sirve para conseguir una mejor relación entre el neumático y el rin.
Todo esto tiene sentido por una razón mucho más importante que las marcas de pintura. Las llantas son el único elemento del carro que mantiene contacto directo con el pavimento. De ellas depende buena parte de la adherencia en una curva, la capacidad de frenado, el confort y la respuesta del vehículo bajo lluvia. Incluso una llanta de buena calidad necesita una instalación correcta para cumplir con lo que puede ofrecer. Si el conjunto queda mal equilibrado, el conductor puede percibir vibraciones, sobre todo a determinadas velocidades. En otros casos aparece desgaste irregular.

La rueda debe tener una distribución de masa adecuada.
La razón por la que estas marcas desaparecen
El balanceo no consiste simplemente en poner una llanta nueva y apretar las tuercas. La rueda debe tener una distribución de masa adecuada para que su centro geométrico coincida con su centro de gravedad durante el giro. Cuando existe una diferencia, el conjunto puede perder suavidad. Ahí aparecen los contrapesos que coloca el técnico después de usar la máquina de balanceo. Una instalación correcta puede reducir esa corrección y ayudar a que la rueda trabaje de una forma más uniforme. También puede evitar problemas que después terminan por convertirse en gastos de mantenimiento.
Hay una razón por la que estas marcas desaparecen sin que nadie se preocupe por ello. La pintura puede borrarse con el uso y el contacto con el pavimento, el agua, productos de limpieza y otros factores. No significa que la llanta haya perdido alguna propiedad ni que exista un problema. Las marcas cumplen su función durante el montaje. Después, lo que realmente importa es la condición del neumático, la presión correcta y el comportamiento del vehículo. Si el volante comienza a vibrar o aparece desgaste irregular, ahí sí existe una razón para llevar las ruedas a revisión.
Así que la próxima vez que veas un punto amarillo o rojo en una llanta nueva, no lo confundas con una simple marca de fábrica. El amarillo identifica la zona más ligera. El rojo señala la mayor variación de fuerza radial y puede tener prioridad durante el montaje. El blanco, cuando aparece, sirve para otra referencia relacionada con la fuerza radial. Son detalles diminutos que el conductor casi nunca mira, pero que ayudan a que una de las partes más importantes del carro quede correctamente instalada. Tal vez esa sea la mejor lección: en un auto, algunas de las señales que parecen menos importantes son precisamente las que más trabajo técnico esconden.
Imagen | Pirelli
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