A sus 85 años, Ney Matogrosso compró 140 hectáreas para que no fueran destruidas y terminó creando un refugio para más de 10,000 animales

Este terreno pudo terminar lleno de casas, calles y construcciones. En cambio, terminó convertido en un bosque protegido y en un lugar donde animales silvestres rescatados tienen una segunda oportunidad antes de volver a la naturaleza; está en Saquarema, Brasil, y forma parte de una propiedad de 140 hectáreas que Ney Matogrosso compró en la década de 1990 para evitar que la vegetación fuera destruida por nuevos loteamientos.
Con el paso de los años, unas 80 hectáreas quedaron protegidas de forma permanente y la propiedad también comenzó a colaborar en la rehabilitación y liberación de fauna silvestre. Según el propio cantante y varios medios, más de 10,000 animales han sido devueltos a la naturaleza desde este lugar, aunque no llegaron para quedarse: los ejemplares pasan por procesos de recuperación y adaptación antes de ser liberados en un entorno adecuado.
Lo que comenzó como una compra para frenar la urbanización terminó convirtiéndose en algo más difícil de conseguir: un lugar donde el bosque permanece y, al mismo tiempo, puede ayudar a que animales rescatados regresen a la naturaleza.
No compró el terreno para construir
La historia comienza en la década de 1990, cuando Ney Matogrosso adquirió las 140 hectáreas en Saquarema, en el estado de Río de Janeiro. En lugar de dividirlas y desarrollar el terreno, el cantante buscó evitar que la vegetación fuera retirada para dar paso a nuevos lotes y construcciones.
Con el paso de los años, una parte importante de la propiedad quedó destinada a la conservación. Alrededor de 80 hectáreas están protegidas mediante dos Reservas Particulares del Patrimonio Natural (RPPN), una figura que permite conservar legalmente áreas privadas de manera permanente.
Y aquí está la parte que hace la diferencia: no se trata simplemente de que un propietario decida no construir mientras sea dueño del terreno. Una RPPN mantiene la protección ambiental incluso si la propiedad cambia de manos, por lo que la conservación puede continuar mucho después de que quien la impulsó deje de ser el propietario.
No era cualquier pedazo de bosque
La propiedad forma parte de la Mata Atlántica, uno de los grandes ecosistemas de Brasil que ha sufrido una fuerte transformación por la actividad humana. Conservar un fragmento de este territorio significa mantener algo más que árboles: también las condiciones que permiten que distintas especies encuentren alimento, agua, refugio y espacios adecuados para vivir.
En el terreno existen además nacientes y el río Mato Grosso, elementos que forman parte del entorno natural de la propiedad. Ese conjunto de vegetación y agua termina siendo especialmente importante cuando el objetivo no es simplemente conservar un paisaje, sino contar con un lugar al que puedan regresar animales que fueron rescatados.
Un ejemplar rehabilitado no puede soltarse en cualquier sitio y esperar que todo salga bien. Necesita un entorno que todavía conserve las condiciones necesarias para que pueda sobrevivir por su cuenta.
El bosque terminó convirtiéndose en una puerta de regreso
Con el tiempo, la propiedad comenzó a colaborar con el Instituto Vida Livre, una organización dedicada al rescate, rehabilitación y liberación de animales silvestres. Desde 2015, el terreno funciona como un área de soltura de fauna vinculada con este trabajo.
La idea no es acumular animales dentro de las 140 hectáreas. Los ejemplares llegan después de ser rescatados, atraviesan procesos de recuperación y adaptación y, cuando están preparados, son liberados en lugares donde puedan continuar su vida en libertad.
Ese proceso puede incluir recuperación física y adaptación a elementos básicos de su entorno. No basta con que un animal deje de estar herido; también tiene que estar listo para buscar alimento, encontrar refugio y desenvolverse nuevamente en un ambiente natural.
Por eso, el bosque adquiere una función que va más allá de conservar el territorio. También puede convertirse en la puerta de regreso de animales que alguna vez perdieron su libertad.

Más de 10,000 animales han vuelto a la naturaleza
Según Ney Matogrosso, más de 10,000 animales silvestres han sido devueltos a la naturaleza desde su propiedad. Los reportes sobre el lugar mencionan ejemplares de distintas especies, entre ellos capibaras, osos hormigueros, nutrias, zarigüeyas, búhos, halcones, serpientes, tortugas y caimanes.
Pero aquí conviene hacer una aclaración: esos 10,000 animales no son 10,000 ejemplares que actualmente viven dentro de la propiedad. La cifra se refiere a animales que pasaron por procesos de rescate y rehabilitación y posteriormente fueron liberados desde este lugar para regresar a la naturaleza.
Eso cambia la manera de medir el éxito de un proyecto así. Un refugio podría presumir de cuántos animales alberga, pero en un espacio dedicado a la rehabilitación, el objetivo es precisamente el contrario: conseguir que los ejemplares ya no necesiten permanecer bajo cuidado humano.
En otras palabras, el éxito no está en tener cada vez más animales dentro del terreno, sino en conseguir que cada vez más puedan salir de él.
La conservación puede sobrevivir a su propietario
Las RPPN hacen que la historia vaya más allá de la iniciativa personal de una celebridad. Cuando una parte del terreno recibe esta categoría, la conservación se convierte en el objetivo permanente de esa superficie y deja de depender únicamente de la voluntad del propietario.
Esto resulta especialmente relevante en un lugar que alguna vez estuvo en riesgo de terminar convertido en un desarrollo inmobiliario. Lo que comenzó como una decisión personal para conservar el bosque terminó respaldado por una figura legal diseñada precisamente para mantener esa protección a largo plazo.
La propiedad puede cambiar de manos, pero la obligación de conservar el área permanece. Es la diferencia entre decidir no construir durante algunos años y establecer un mecanismo para que una parte del territorio siga protegida.
Y el trabajo sigue ocurriendo
La situación tampoco terminó cuando se crearon las reservas. En agosto de 2026, Ney Matogrosso acompañó la liberación de un perezoso de tres dedos que había sido rehabilitado antes de regresar a su entorno natural.
La escena resume bastante bien en qué terminó convirtiéndose aquella compra de los años noventa. El terreno no se transformó en un zoológico ni en una colección privada de animales; se convirtió en parte de un proceso que permite rescatar, rehabilitar y liberar fauna silvestre.
Y eso también explica por qué algunos de los resultados más importantes de un proyecto de conservación no siempre se quedan dentro del terreno. Un animal rehabilitado que desaparece entre los árboles no significa que el proyecto haya perdido un ejemplar; significa que el proceso funcionó.


Brasil no es el único que permite conservar terrenos privados
La idea también tiene un equivalente en México. Nuestro país cuenta con las Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación (ADVC), una figura mediante la cual propietarios, comunidades y otros poseedores pueden destinar voluntariamente sus terrenos a la conservación.
No son exactamente lo mismo que las RPPN brasileñas y cada país tiene sus propias reglas, pero ambas figuras parten de una idea parecida: la conservación no tiene que ocurrir exclusivamente en terrenos propiedad del gobierno.
Un bosque privado también puede convertirse en una pieza importante para proteger la biodiversidad cuando existen mecanismos que permiten conservarlo a largo plazo. En países como México, donde también existen terrenos de importancia ambiental en manos de particulares, comunidades y ejidos, este tipo de esquemas amplía las posibilidades de protección.
El refugio funciona mejor cuando los animales se van
Hay una paradoja en la historia de estas 140 hectáreas. El terreno comenzó siendo una forma de impedir que algo desapareciera: el bosque que podía ser sustituido por casas, calles y construcciones.
Con el tiempo, ese mismo espacio empezó a cumplir una función adicional: ayudar a que algo regresara. Animales que fueron rescatados pudieron recuperar su condición física y prepararse para volver a un entorno donde ya no dependieran de las personas para sobrevivir.
Por eso, quizá la mejor forma de medir lo que ocurrió en Saquarema no sea contar cuántos animales han pasado por la propiedad, sino preguntarse cuántos han podido marcharse.
Ney Matogrosso compró aquellas hectáreas para que el bosque no desapareciera. Décadas después, ese mismo bosque terminó convirtiéndose en una puerta de regreso para animales que habían perdido su libertad.
Imágenes | Instituto Vida Livre, Ney Matogrosso, Clik Petróleo e Gas
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