La psicología dice que si naciste en los años 80 y 90 y todavía juegas videojuegos después de los 30, la inmadurez no es el culpable

Durante años, jugar videojuegos después de los 30 fue visto como una señal de inmadurez o como una forma de escapar de la vida adulta. Sin embargo, algunos investigadores empiezan a verlo de otra manera: para muchos millennials, los videojuegos podrían haber sido una herramienta inesperada para desarrollar resiliencia emocional.
Parte de esta idea también se conecta con el contexto económico que ha marcado a esta generación. Un análisis del economista Raj Chetty, muestra cómo la movilidad social se ha reducido de forma considerable en las últimas décadas. Según el estudio, las personas nacidas en 1940 tenían entre un 90% y un 91% de probabilidades de ganar más que sus padres. En cambio, para quienes nacieron en 1980, esa probabilidad cayó hasta alrededor del 50%.
Esto significó que muchos millennials crecieran con la expectativa de que estudiar y trabajar duro garantizaría una estabilidad económica, pero se encontraron con la realidad: un mercado laboral incierto, crisis financieras y un acceso cada vez más difícil a la vivienda.
No es inmadurez: es la búsqueda de sistemas con reglas claras
Bajo este contexto, los videojuegos no necesariamente funcionan como un escape poco saludable. Para los especialistas, también representan algo que en ocasiones falta en la vida adulta y son los sistemas con reglas claras, objetivos definidos y recompensas que sean proporcionales al esfuerzo.
Un análisis publicado por la Royal Society Open Science en 2025 examinó cerca de 140 mil horas de datos de jugadores de Nintendo. Los investigadores encontraron que el tiempo de juego por sí solo no tiene un impacto negativo en la salud mental.

Lo que realmente mostró importancia fue la calidad de la experiencia del juego. Muchos de los jugadores reportaron motivaciones positivas: la sensación de autonomía al tomar decisiones, capacidad de mejorar con la práctica y un buen progreso para superar desafíos.
El impacto de los videojuegos para una generación
Los investigadores también señalan que los videojuegos de los años 90 y 2000 funcionaban de forma muy distinta a los actuales. No había ayudas automáticas ni recompensas inmediatas. Los jugadores repetían niveles, cometían errores y volvían a intentarlo para lograr avanzar.
Ese proceso constante de prueba y error ayudó a desarrollar en ellos tolerancia a la frustración, capacidad de adaptación y perseverancia ante objetivos difíciles. Habilidades que, según algunos psicólogos, pueden trasladarse a otros aspectos de la vida cotidiana.


Un hobby que podría traer ventajas y más valor del que parece
Por mucho tiempo, a los videojuegos se les asoció con el entretenimiento. Pero algunos expertos sugieren que también pueden desempeñar un papel importante en el desarrollo de habilidades emocionales.
Para muchos millennials, los videojuegos no solo fueron un pasatiempo, representaron entornos donde el esfuerzo tenía recompensas, los errores formaban aprendizaje y las reglas eran claras. Algo que, en un contexto económico y social cada vez más incierto, no siempre ocurre fuera de la pantalla.
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