Uwe Boll lleva décadas filmando las peores películas del cine, pero su última fantasía racista es un éxito gracias a Elon Musk

La filmografía de Uwe Boll es una especie de zona de desastre cinematográfica, un accidente en la autopista del que es imposible apartar la mirada. Este realizador y productor de cine alemán radicado en Canadá ha dirigido 38 películas y yo no podría, con la conciencia tranquila, recomendarles ninguna. Cada una parece peor que la anterior y, sin embargo, la más reciente podría ser su obra más peligrosa.
Se llama Citizen Vigilante y ha sido descrita como una de las peores películas del año… y de todos los tiempos. The Movie Buff dijo que es “una cinta vergonzosa impulsada por una retórica racista”. Slate la describió como “odiosa” y “perturbadora”. La cinta fue prohibida en Alemania, pero terminó siendo vista por millones de personas en X, dado que Musk la subió completa a su red social.
El magnate publicó un enlace a la película, que estuvo activo durante 48 horas. El director aprovechó la polémica para promocionar su obra como “La película que Hollywood no quiere que veas”. Su súbita popularidad le valió encontrar una distribuidora y, si se creen los reportes, es hoy la película número uno en Norteamérica en varias plataformas de streaming.
Eso se explica porque la cinta no depende ya de sus por lo demás inexistentes méritos, sino que se ha vuelto un estandarte de posiciones políticas asociadas con el rechazo a la inmigración. Por eso, junto a un bastante generoso 8% de la crítica en Rotten Tomatoes, exhibe un 94% de la audiencia.


Variety despedazó la película en su review, que anota: “Boll, una vergüenza cinematográfica desde principios de los 2000, ofrece aquí una porción violenta, incoherente y moralmente corrupta de explotación al mismo nivel cualitativo que sus proyectos anteriores. De hecho, la película es tan asombrosamente mala que casi parece que el guionista-director-productor está saboteando deliberadamente a su estrella Armie Hammer, cuyo regreso previsto solo puede verse perjudicado por este proyecto”.
Una historia familiar


En cierto modo, esta película de acción de bajo presupuesto es algo que ya hemos visto. De Death Wish, de 1974, a John Wick, de 2014, las películas de justicieros ya tuvieron su auge, su declive y su renacimiento. Es fácil suponer que, hace 10 años, esta película podría haber estado protagonizada por Liam Neeson.
Pero lo que diferencia a Citizen Vigilante es que es un proyecto diseñado para ser controvertido y para explotar los sesgos de un sector social que ve reflejadas allí sus posiciones antiinmigración, en gran parte en diálogos sin el menor intento de sutileza. Los títulos iniciales dicen: “Cuando se niega la justicia, los instintos se vuelven a la venganza”, y en un momento el protagonista le dice a un Policía: “O ustedes acaban con esto, o lo acabaremos nosotros, el pueblo”. De hecho, el final de la cinta pone al vigilante titular a lanzar una macabra arenga y decir, tras masacrar a una familia musulmana desarmada, que seguirá haciendo lo que hace “mientras aprenden a hacerlo por ustedes mismos”.
En ese sentido, más que Armie Hammer, un actor cancelado en Hollywood en 2021 tras filtrarse mensajes que detallaban fantasías sexuales perturbadoras, incluyendo tendencias caníbales, el alma de esta película es su director, que en el pasado fue responsable de tomar propiedades muy queridas del mundo de los videojuegos y producir pedazos de mugre como Alone in the Dark, House of the Dead o BloodRayne.
Por esa trayectoria, muchos comentaristas se toman a broma el éxito de un producto tan abismalmente malo. En foros como Reddit se leen apuntes como este: “Me encanta cómo los idiotas se ven obligados a fingir que les gusta esta clase de basura porque la derecha es incapaz de crear arte de valor”.
Ya piensa en la segunda parte
Y a pesar de eso, Boll goza de una autoestima que muchos de sus detractores no dudan en señalar: ThatShelf lo puso así: “Este es un cineasta de nivel C que cree fervientemente que es Stanley Kubrick. Con una mala películas tras otra, no ha demostrado ninguna voluntad de mejorar sus técnicas cinematográficas ni de pedir consejo a quienes puedan ayudarle artísticamente. Él realmente piensa que deberíamos apreciar sus dificultades – esa es la sensación de ‘entitlement’– pero no cree que deba hacer nada diferente para recibir nuestro elogio”.
Hoy es imposible negar que Citizen Vigilante probablemente será su mayor éxito. Así lo ha expresado en sus redes, a donde se ha volcado a compartir noticias y afirmar que si la gente paga por su diatriba racista de inmediato saldrá pronto a rodar una segunda parte.


Es lamentable, pero no sorpresivo, que así sea. Lo vimos en el pasado en el éxito de Sound of Freedom, un sueño febril de QAnon que se volvió un éxito de taquilla al monetizar un discurso ramplón -y, en últimas, mentiroso- sobre la explotación, con actuaciones poco convincentes y una intención, por lo menos, ambigua.
Es fácil ver cómo Citizen Vigilante puede seguir sus pasos, con su visión didáctica y simplista de una realidad complicada y brutal. Pero al final, lo que no logra ocultar es su naturaleza: es una película que disfraza sus raíces de explotación tras la apariencia de examen reflexivo de un tema importante, todo mientras procede a tratarlo de la forma más inapropiada y sesgada.


Es inevitable pensar en el papel que jugó Musk en todo esto y en la enorme tribuna que su fortuna personal le permitió adquirir. Josh Olson, autor de Una historia de violencia, expresó ese punto de vista en sus redes, al decir: “El hombre más rico del mundo está impulsando activamente una película que promueve abiertamente la matanza gráfica, brutal y masiva de inmigrantes musulmanes. Esto no es un simple gesto que se pueda negar. Es algo explícito”.
Y como el universo no carece de sentido de la ironía, ahora que tiene distribuidora, Citizen Vigilante tiene, también, un trailer hecho y derecho. La primera línea que se escucha en él dice: “La verdad es: todos ustedes están siendo usados”.
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