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Por fin Meta y otras plataformas admiten que nadie quiere consumir basura generada por IA

Hace poco estaba revisando mis ajustes de Instagram, intentando desactivar Muse Image, esa función de Meta, ahora extinta, que permitía a cualquiera crear deepfakes mediante IA sin consentimiento. La ira me invadió mientras seguía el absurdo proceso de exclusión.

En lugar de lanzar mi teléfono al otro lado de la habitación, le dije a mi pareja que debíamos mudarnos de San Francisco y criar ovejas, alejados de la red. Algo analógico. En ese momento, cualquier cosa me parecía mejor que este infierno continuo provocado por la IA generativa.

Muchos estadounidenses están teniendo reacciones similares ante la creciente presencia de la IA generativa en la vida cotidiana. «La revolución de la IA está sucediendo, y todo el mundo la odia», afirma Meredith Broussard, profesora de periodismo de datos en la Universidad de Nueva York y autora de Artificial Unintelligence: How Computers Misunderstand the World (Inteligencia artificial: cómo las computadoras malinterpretan el mundo). En una reciente encuesta de Gallup, el mayor conocimiento que tienen los estadounidenses sobre la IA generativa coincide con actitudes negativas hacia esta tecnología. Esto es especialmente cierto entre los jóvenes de entre 18 y 29 años, donde casi la mitad considera que la IA generativa hace más daño que bien.

La gente no quiere más basura (de IA)

Si bien esta reacción negativa contra la IA se ha gestado durante los últimos años, cada vez más empresas comienzan a abordar directamente estas preocupaciones. LinkedIn agregó un botón de «Parece contenido basura de IA» (Seems like AI slop) para reportar contenido generativo, a pesar de seguir albergando numerosas herramientas de IA. Snapchat anunció que los videos generados completamente por IA ya no serían seleccionados para su feed de descubrimiento. Y, por su parte, Substack agregó una herramienta de detección para controlar a los escritores.

El porqué de esta reacción es, en esencia, sencillo. Muchos sienten que nunca dieron su consentimiento para nada de esto. No tenía ni idea de que mis interacciones en línea serían algún día recopiladas masivamente para entrenar modelos de IA. No pedí a Instagram que habilitara los deepfakes en mi cuenta. No quería que Google mostrara respuestas generadas por IA en los primeros puestos de los resultados de búsqueda. Un día me desperté y las funciones de IA generativa se habían colado en cada rincón de todo el software del que dependo sin mi consentimiento.

Ya sean modelos de IA que recopilan tus datos o centros de datos ruidosos que aparecen en tu patio trasero, la revolución de la IA parece ser un evento que nos sucede sin que nos sintamos participantes activos.

«El consentimiento es realmente importante. Podemos relacionarlo con la forma en que las mujeres, las personas LGBTQ+, las personas de color y las minorías son explotadas y maltratadas en línea. Las empresas tecnológicas nunca han sido realmente sensibles a las cuestiones relacionadas con el consentimiento», explica Broussard a WIRED.

La reacción pública parece estar funcionando, en ocasiones, para lograr que se desactiven funciones de IA no deseadas. «Simplemente las implementan y ven qué funciona, porque nadie sabe realmente para qué sirven», afirma Nick Seaver, profesor asociado de antropología en la Universidad de Tufts, especializado en tecnología y sociedad. Google eliminó recientemente la posibilidad de que los usuarios utilizaran IA generativa para modificar imágenes satelitales en Google Earth casi inmediatamente después de su lanzamiento, tras un reportaje de 404 Media. Además, Meta desactivó Muse Image, después de tres días de protestas públicas y videos virales con millones de visualizaciones que criticaban la función.

Como parte del lanzamiento del modelo “Muse Image” de Meta, los usuarios de Instagram con cuentas públicas deben desactivar esta función para bloquear la generación de contenido mediante IA a partir de sus publicaciones.

Esto sucede cuando meten a la IA hasta en la sopa

También existe un creciente rechazo a la IA generativa en los materiales de marketing. Muchos usuarios en línea reaccionaron negativamente ante la incorporación de imágenes generadas por IA en los anuncios de grandes marcas como McDonald’s y Coca-Cola. Incluso los comercios locales reciben críticas por promocionar eventos con carteles generados por IA.

Más allá de la indignación en internet, cada vez más personas están empezando a protestar contra la construcción de centros de datos que alimentan estas herramientas de IA. «Se está gestando una fuerte oposición en torno a los centros de datos. Son polémicos porque son focos de daño medioambiental y económico», afirma Emily Bender, coautora de The AI Con. Estadounidenses de todo el espectro político se han unido en estas protestas contra las infraestructuras de IA.

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Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://es.wired.com/articulos/por-fin-meta-y-otras-plataformas-admiten-que-nadie-quiere-consumir-basura-generada-por-ia

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