NegociosTecnología

Diseñaron la red perfecta para pescar totoaba en los años 90; 30 años después, esa misma red dejó a la vaquita marina al borde de la extinción total

La vaquita marina no necesita ser el objetivo de un pescador para morir. Basta con que se encuentre con una de las redes utilizadas para capturar totoaba en el Alto Golfo de California y la explicación es sencilla, aunque el problema lleva décadas complicándose: la misma red que puede atrapar un pez de más de dos metros también puede convertirse en una trampa mortal para el cetáceo más pequeño del mundo.

Mientras la pesca ilegal de totoaba continúa impulsada por el enorme valor de su vejiga natatoria, conocida como buche, la vaquita ha quedado atrapada en medio de ese negocio. Hoy quedan tan pocas que encontrarlas ya no consiste en contar cientos de animales.

Durante el monitoreo visual de 2025 se observaron entre siete y diez individuos, además de al menos una cría. Los científicos también registraron señales acústicas de la especie en cientos de ocasiones. La vaquita está lejos de estar a salvo, pero todavía hay algo importante: sigue reproduciéndose y todavía existe una oportunidad de evitar su desaparición.

La totoaba y la vaquita comparten las mismas aguas

La primera pieza del problema es geográfica. La totoaba (Totoaba macdonaldi) y la vaquita marina (Phocoena sinus) son especies endémicas del Golfo de California y ambas habitan en el Alto Golfo, pero la diferencia está en su tamaño.

La totoaba puede superar los dos metros de longitud y pesar más de 100 kilogramos. Durante buena parte del siglo XX, su pesca fue una actividad económica importante para comunidades de Baja California y Sonora.

La vaquita, en cambio, mide alrededor de 1.5 metros y pesa unos 50 kilogramos y es el único cetáceo endémico de México y el miembro más pequeño de la familia de las marsopas. Dos animales muy distintos terminaron compartiendo algo mucho menos conveniente: la misma zona de pesca y una red que no distingue entre especies.

La totoaba ya había sido llevada al límite

La historia de la vaquita comienza, en realidad, con la totoaba. Durante décadas, la pesca de este pez fue una actividad económica importante en localidades como San Felipe, Baja California, y Golfo de Santa Clara y Puerto Peñasco, en Sonora.

La explotación llegó a tal punto que en 1975 México estableció una veda permanente para la pesca de totoaba, pero la prohibición no hizo desaparecer el interés por el pez. Su vejiga natatoria, conocida como buche, comenzó a alcanzar precios extraordinariamente altos en el mercado ilegal asiático. 

Esa demanda convirtió a la totoaba en un producto de contrabando muy rentable y mantuvo el incentivo para seguir utilizando redes de enmalle en el Alto Golfo y es donde aparece el problema que terminaría poniendo a la vaquita contra las cuerdas.

Una red no sabe qué especie quiere atrapar

Las redes agalleras funcionan de una manera bastante simple: los peces quedan atrapados físicamente en la malla. La Profepa explica que las redes utilizadas para la captura ilegal de totoaba son redes de enmalle que pueden colocarse en la superficie, a media agua o en el fondo. Algunas pueden superar los 2,000 metros de longitud.

Para una vaquita, encontrarse con una de ellas puede ser mortal. El animal necesita salir a la superficie para respirar y, si queda enredado, no puede hacerlo y termina muriendo por asfixia.

Por eso la Profepa identifica la mortalidad incidental en redes agalleras utilizadas para pescar totoaba como el principal factor de riesgo para la supervivencia de la vaquita. No hace falta que alguien quiera capturar una vaquita, ya que la red simplemente tiene que estar en el lugar equivocado.

Pesca

Ya había señales desde los años 80

El vínculo entre la pesca y la desaparición de la vaquita tampoco es algo que se haya descubierto recientemente. Un estudio sobre la biología poblacional de la especie documentó 128 capturas incidentales entre marzo de 1985 y febrero de 1992. De ellas, 65% ocurrieron en redes ilegales o experimentales destinadas a la pesca de totoaba.

El mismo análisis advertía que esos registros probablemente representaban solamente una parte de la mortalidad causada por la actividad pesquera. Para entonces ya había una señal bastante clara: la vaquita estaba muriendo por encontrarse con las mismas redes utilizadas para capturar totoaba.

México comenzó a prohibir las redes, pero el problema no desapareció

Las medidas de protección fueron aumentando con el tiempo. En 1991, la vaquita fue incluida en el Apéndice I de CITES. En 1992 se creó el Comité Técnico para la Preservación de la Vaquita y la Totoaba y, un año después, el Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado fue declarado Reserva de la Biósfera.

En 1994, ambas especies fueron clasificadas como en peligro de extinción. Después llegó una medida todavía más específica. En 2005 se creó el Área de Refugio para la Protección de la Vaquita Marina y en 2015 México suspendió temporalmente la pesca comercial con redes de enmalle, cimbras y palangres operados por embarcaciones menores en el norte del Golfo.

En 2017 se estableció la prohibición permanente de las redes de enmalle en el Alto Golfo de California. Sobre el papel, la principal amenaza estaba perfectamente identificada, pero el problema era otro: conseguir que las redes realmente dejaran de entrar al agua.

El dinero explica por qué la prohibición no bastó

Aquí es donde la historia deja de ser solamente un problema de conservación. La pesca ilegal de totoaba existe porque hay un mercado dispuesto a pagar por su buche. Mientras ese producto conserve un valor elevado, también existe un incentivo económico para arriesgarse a pescarlo.

La Semarnat ha señalado precisamente la demanda del buche en mercados asiáticos como uno de los factores que mantienen la presión sobre la especie. Por eso retirar una red no resuelve todo el problema.

Hay que perseguir a quienes pescan ilegalmente, impedir el comercio del buche, vigilar las embarcaciones y, al mismo tiempo, encontrar alternativas económicas para las comunidades que dependen de la pesca. De lo contrario, la presión que alimenta el mercado ilegal permanece.

La vaquita se quedó sin margen de error

La población de vaquita se desplomó durante las últimas décadas. La especie vive únicamente en una pequeña zona del norte del Golfo de California. No existe otra población en otro océano que pueda servir como reserva y tampoco hay una segunda población que pueda utilizarse para reforzarla.

Si desaparece de esas aguas, desaparece del planeta. Eso convierte a la vaquita en un caso especialmente delicado: no se puede trasladar una población desde otro sitio ni esperar que animales de otra región repueblen el Alto Golfo y todo depende de los individuos que todavía quedan ahí, pero entonces ocurrió algo que, dentro de esta historia, resulta inesperadamente esperanzador.

Pescado Mercado
Pescado Mercado

Quedaron tan pocas que ahora los científicos pueden reconocerlas

En 2024, el monitoreo encontró que la población se mantenía relativamente estable respecto a los años anteriores. En 2025, los equipos de observación identificaron entre siete y diez individuos y encontraron evidencia de reproducción. El informe oficial señala que al menos una cría fue observada y que algunos observadores consideraron posible una segunda, aunque esta última no pudo confirmarse mediante fotografías.

Además, las mediciones de algunos ejemplares permitieron confirmar la supervivencia de individuos nacidos aproximadamente desde 2022. Eso importa por una razón muy sencilla: las vaquitas que quedan no solamente siguen vivas, también están teniendo crías.

Sin embargo, cuando los científicos hablan de siete a diez individuos observados, no están diciendo que hayan contado absolutamente todas las vaquitas que existen. Son animales difíciles de detectar.

El monitoreo combina observaciones visuales con sistemas acústicos capaces de registrar los sonidos que producen. En 2025 se registraron 254 encuentros acústicos con vaquitas entre el 24 de mayo y el 29 de septiembre, utilizando 1,228 detectores distribuidos en 497 sitios.

El informe oficial calculó una media de 8.52 individuos diferentes observados durante el monitoreo visual de 2025, frente a 7.62 en 2024 y 10.6 en 2023. Los investigadores también advierten que existe una incertidumbre considerable en estas estimaciones. La cifra, por tanto, debe entenderse como una fotografía de una población extremadamente pequeña, y no como un censo perfecto.

México intenta quitar la trampa del camino

La estrategia actual tiene un objetivo bastante claro: que la vaquita pueda nadar sin encontrarse con redes. En 2025, Semarnat informó que México había cumplido 82 de las 101 acciones comprometidas en su Plan de Acción para prevenir la pesca y el comercio ilegal de totoaba y proteger a la vaquita.

Entre los avances reportados estaba una reducción de 97.6% en la presencia de embarcaciones dentro de la Zona de Tolerancia Cero. Es una cifra importante, aunque no significa que el problema haya desaparecido.

Todavía hay que localizar redes, retirarlas, vigilar el territorio, perseguir la pesca ilegal y mantener el monitoreo de la zona, y para eso México también está utilizando tecnología. Conapesca y Marina comenzaron a instalar dispositivos de seguimiento satelital en embarcaciones menores que operan en el Alto Golfo.

El objetivo es conocer sus movimientos y reforzar la vigilancia sobre posibles actividades ilegales. Para finales de ese año, 848 embarcaciones menores ya contaban con dispositivos de monitoreo satelital en la región.

Puede parecer un detalle técnico, pero es importante: cuando el área que necesitas vigilar está en el mar, saber dónde están las embarcaciones puede ser tan importante como retirar las redes que dejan detrás. La tecnología no sustituye a los operativos, pero puede ayudar a saber dónde concentrarlos.

México sigue encontrando redes ilegales

Existe una razón para no cantar victoria todavía. En marzo de 2025, un operativo conjunto de Semar, Profepa y Conapesca retiró alrededor de 6,000 metros de redes ilegales de enmalle en el Alto Golfo de California.

Las autoridades localizaron tres redes utilizadas para la pesca ilegal de totoaba. En ellas quedaron atrapadas 25 totoabas. En otro operativo realizado ese mismo mes se retiraron más de nueve kilómetros de redes ilegales, además de recuperarse totoabas y vejigas natatorias.

Pesca Ilegal
Pesca Ilegal

La imagen es difícil de ignorar: después de décadas de prohibiciones y programas de conservación, las redes que llevaron a la vaquita al borde de la desaparición todavía aparecen en el mismo lugar donde sobrevive la especie. La amenaza no pertenece únicamente al pasado; sigue flotando en el agua.

La solución tampoco consiste solamente en salvar a la vaquita

La otra mitad del problema es la totoaba. Mientras este pez siga siendo objetivo de la pesca ilegal, seguirá existiendo una razón para colocar redes en el Alto Golfo. Por eso México también trabaja en su recuperación.

Para agosto de 2025, Semarnat reportaba que se habían liberado casi 300,000 alevines de totoaba mediante programas de reproducción y repoblamiento. La intención es aumentar la población de la especie y reducir la presión sobre los ejemplares silvestres.

Pero tampoco aquí existe una solución mágica. Criar totoabas en instalaciones controladas no elimina el mercado ilegal ni hace desaparecer las redes. Para que la estrategia funcione, tiene que ir acompañada de vigilancia, control del comercio y alternativas económicas para quienes dependen de la pesca.

El problema tampoco se resuelve dejando sin trabajo a las comunidades

Lo complicado de esta situación es que en el Alto Golfo, la pesca forma parte de la economía local. Por eso proteger a la vaquita no puede reducirse a decirle a los pescadores que dejen de utilizar determinadas artes de pesca; también hace falta que existan alternativas legales y económicamente viables.

De ahí que los programas de conservación hayan intentado combinar vigilancia con apoyos, reconversión productiva y nuevas herramientas para la pesca. La ecuación es complicada: hay que evitar que una actividad económica termine extinguiendo una especie sin convertir la conservación en otro problema para quienes viven de esa misma actividad.

Estatua Vaquita
Estatua Vaquita

La historia de la vaquita es la historia de una consecuencia que nadie planeó

La red no fue inventada para matar vaquitas. La pesca de totoaba tampoco comenzó pensando en provocar la desaparición de otro animal; el problema apareció porque dos especies compartían el mismo espacio y una herramienta diseñada para capturar a una de ellas no podía distinguir a la otra.

La totoaba tenía valor económico, la red era eficiente, la pesca creció y la vaquita quedó atrapada en medio. Décadas después, esa combinación dejó al cetáceo más pequeño del mundo al borde de desaparecer.

Pero hay una diferencia entre una especie que ya desapareció y una que todavía puede recuperarse. En 2025 hubo avistamientos. Se detectaron crías. Sobrevivieron individuos jóvenes. El monitoreo acústico siguió registrando su presencia.

No significa que la vaquita esté a salvo, sino que quiere decir algo mucho más pequeño, pero también mucho más importante: todavía existe una oportunidad. México ya sabe dónde está el problema. No necesita descubrir dónde vive la vaquita ni encontrar una población escondida en otro lugar.

Necesita algo mucho más básico: sacar del agua la trampa que la está matando. Después de décadas intentando salvarla, quizá esa sea la parte más difícil de toda la historia.

Imágenes | Pexels, Wikimedia, Wikimedia

En Xataka México | Clonación, el último recurso para «salvar» a la vaquita marina: buscan conseguir material genético de un espécimen macho en México

En Xataka México | ‘Mar de sombras’: este documental producido por Leonardo DiCaprio es un llamado para salvar a la vaquita marina en México

DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://www.xataka.com.mx/ecologia-y-naturaleza/disenaron-red-perfecta-para-pescar-totoaba-anos-90-30-anos-despues-esa-red-dejo-a-vaquita-marina-al-borde-extincion-total

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba