pasarte muchas veces el papel de baño, puede causarte problemas proctológicos

Hay una parte de nuestra rutina que hacemos casi en automático: terminar de ir al baño, tomar papel higiénico y limpiarnos hasta sentir que no queda absolutamente nada. Y justo ahí puede aparecer el problema: en el intento de dejar la zona perfectamente limpia, podemos terminar irritando una piel que ya de por sí es especialmente sensible.
El coloproctólogo Diego Beltrán lo resumió en un video de forma bastante directa: “pasarte múltiples veces el papel en la región anal puede generarte muchos problemas proctológicos”. También recomienda evitarlo por completo en personas que ya tienen determinadas enfermedades anorrectales o que están recuperándose de una cirugía en esa zona.
La frase puede sonar exagerada, ya que después de todo, llevamos generaciones usando papel higiénico; pero aquí hay una diferencia importante: el problema no es utilizar papel, sino lo que puede aparecer cuando la limpieza se convierte en una sesión de fricción. Y eso sí coincide con las recomendaciones médicas sobre el cuidado de la piel alrededor del ano.
El problema no es una pasada de papel, sino todas las que vienen después
La piel que rodea el ano es especialmente sensible a la humedad y a la fricción. Además, está expuesta de forma constante al sudor y a los restos de materia fecal, así que puede irritarse con bastante facilidad.
El problema puede aumentar cuando, después de evacuar, repetimos una y otra vez el movimiento de limpiar. Una guía del Frimley Health NHS Foundation Trust señala que las evacuaciones frecuentes y el limpiado repetido pueden dañar la piel sensible de esta zona.
Eso no significa que por usar papel higiénico vayas a desarrollar hemorroides. Frotar demasiado puede irritar la piel, provocar ardor, comezón o inflamación y empeorar un problema que ya estaba presente, y es cuando la recomendación del especialista empieza a tener más sentido.
Las hemorroides y las fisuras cambian las reglas
Cuando ya existe un problema en la zona, añadir más fricción no parece precisamente la mejor idea. Las hemorroides son estructuras vasculares normales que pueden provocar síntomas cuando aumentan de tamaño o se inflaman.
Las fisuras anales, en cambio, son pequeñas lesiones o desgarros en el revestimiento del ano que pueden producir un dolor intenso durante o después de evacuar. En ambos casos, las recomendaciones de cuidado de la piel perianal coinciden en algo bastante sencillo: limpiar con suavidad y evitar frotar.
El NHS, por ejemplo, recomienda lavar la zona después de defecar y secarla dando pequeños toques, en lugar de frotarla. Por otro lado, Beltrán señala precisamente cuatro situaciones en las que, según explica, conviene evitar el uso repetido del papel: hemorroides, fisuras, dermatitis y el periodo posterior a una cirugía en la región perianal.
Pero aquí hay que hacer una distinción importante. El papel higiénico no es la causa de las hemorroides; la enfermedad tiene múltiples factores asociados y la forma de higiene es solamente una parte del problema.
En México tampoco es un problema raro
En México, según una estimación publicada por la Secretaría de Salud, alrededor del 5% de la población general presenta síntomas relacionados con las hemorroides. La dependencia también señala que su frecuencia aumenta con la edad y que hasta 50% de los adultos de 50 años o más puede tener o haber tenido síntomas.
No estamos hablando de una molestia extraña que solamente aparece en casos excepcionales. Es un problema que muchos adultos pueden experimentar en algún momento, y cuando ya existe una lesión, inflamación o irritación, la forma en que limpiamos la zona sí puede convertirse en parte del problema.
Entonces, ¿hay que dejar de usar papel?
No necesariamente. Las recomendaciones clínicas disponibles no dicen que todo el mundo deba abandonar el papel higiénico. De hecho, distintos servicios del NHS recomiendan que, si se utiliza papel, sea suave y que la limpieza se haga con delicadeza.
Una guía de cuidado de la piel perianal incluso recomienda utilizar una pieza de papel suave por pasada y desecharla, en lugar de reutilizarla para seguir frotando. La idea no es que el papel sea el enemigo, sino que el problema es convertir la limpieza en una operación de pulido.
Si después de ir al baño necesitas utilizar muchísimo papel y repetir el movimiento una y otra vez para sentir que quedaste completamente limpio, quizá el problema no sea que necesites más papel. Quizá necesites otra forma de limpieza o averiguar qué está haciendo que sea tan difícil.

El agua puede ser una alternativa bastante sencilla
Aquí aparece una opción que probablemente ya conoces: el agua. Distintos servicios hospitalarios recomiendan lavar la zona con agua tibia después de evacuar cuando sea posible y después secarla sin frotar.
Una ducha de mano o un bidé pueden facilitarlo, pero tampoco hace falta convertir el baño en un laboratorio de desinfección. El Frimley Health NHS Foundation Trust recomienda agua tibia y advierte contra el uso de desinfectantes o antisépticos en la zona porque pueden irritarla; también aconseja evitar productos perfumados.
Para algunas personas con prurito anal, el NHS incluso recomienda lavar con agua o utilizar, si hace falta, un jabón suave y sin perfume. La idea es bastante sencilla: limpiar, no agredir la piel.
Y tampoco se trata de tallarse con jabón
Podría parecer lógico pensar que, si el papel puede irritar, entonces la solución es usar agua y muchísimo jabón para dejar la zona impecable, pero más limpieza no siempre significa mejor higiene.
La piel puede reaccionar al contacto frecuente con determinadas sustancias, incluidos algunos jabones, perfumes y otros productos. El NHS señala que ciertos irritantes pueden alterar la barrera de la piel y provocar dermatitis de contacto.
Por eso, las recomendaciones para esta zona suelen apostar por algo mucho menos agresivo: agua tibia y, cuando se necesita jabón, uno suave y sin perfume. El objetivo no es esterilizar la zona, es retirar los restos sin dañar la piel en el proceso.
Hasta secarte demasiado puede volver a irritarla
Después de lavar, aparece otro momento en el que podemos repetir el mismo error. Frotar para secar, y las recomendaciones médicas suelen aconsejar justamente lo contrario: secar dando pequeños toques con una toalla suave o con papel, sin tallar.
Beltrán propone incluso utilizar una toalla de algodón al tacto o aire frío de una secadora de pelo o un abanico. La lógica es la misma: quitar la humedad sin añadir más fricción y, si se utiliza una secadora, tiene que ser con aire frío o a baja temperatura y manteniéndola alejada de la piel para reducir el riesgo de irritación o quemaduras.
¿Y las toallitas húmedas?
Sobre el papel parecen la solución perfecta. Son húmedas, suaves y prometen limpiar mejor que el papel seco, pero tampoco son automáticamente mejores. Algunas recomendaciones médicas aconsejan evitarlas, especialmente cuando contienen alcohol, perfumes u otros ingredientes que pueden irritar la piel.
El NHS, por ejemplo, desaconseja frotar demasiado con toallitas húmedas y recomienda evitar productos perfumados alrededor del ano. Otros servicios hospitalarios permiten utilizar papel húmedo o productos sin alcohol cuando resultan más cómodos, especialmente en personas con determinados problemas intestinales.
Así que la regla aquí tampoco es complicada: si un producto te provoca ardor, comezón o irritación, no necesitas seguir utilizándolo solamente porque diga que es para piel sensible.


Una zona irritada puede entrar en un círculo bastante incómodo
Aquí aparece un problema que puede resultar bastante familiar. La piel empieza a picar o arder; la persona piensa que quizá todavía quedan restos y decide limpiarse un poco más, vuelve a frotar, la irritación aumenta y entonces aparece otra vez la necesidad de limpiar.
Es un círculo bastante incómodo. Las recomendaciones para el prurito anal precisamente aconsejan evitar la limpieza excesiva y el frotamiento porque pueden mantener la irritación.
Por eso, cuando alguien siente que necesita limpiarse una y otra vez, no siempre significa que esté haciendo mal la limpieza; también puede existir un problema de fondo.
Si necesitas muchísimo papel, quizá haya otra cosa detrás
La cantidad de papel que utilizamos después de evacuar puede variar por muchas razones. Las heces pueden ser más blandas o más difíciles de limpiar; podemos ir al baño con mucha frecuencia o puede existir diarrea, estreñimiento, moco o algún grado de fuga de materia fecal.
Los servicios especializados en cuidado de la piel perianal señalan que la diarrea, las evacuaciones frecuentes y la incontinencia pueden favorecer la irritación porque la piel permanece más tiempo expuesta a sustancias presentes en las heces. Eso cambia bastante la estrategia.
Si una persona tiene diarrea frecuente, estreñimiento, sensación de evacuación incompleta, sangrado, dolor o secreción, quizá el problema no se resuelva comprando un papel higiénico más suave. Hay que buscar qué está provocando esos síntomas.
México también tiene un problema con las enfermedades anorrectales
La frecuencia de estos padecimientos ayuda a explicar por qué cuidar la zona importa especialmente en personas que ya tienen una lesión o enfermedad. La Secretaría de Salud señala la frecuencia de las hemorroides en la población y existen estudios realizados en hospitales mexicanos que muestran la presencia frecuente de enfermedad hemorroidal y fisuras entre los pacientes que requieren atención especializada.
Eso sí, que un estudio encuentre una alta proporción de hemorroides entre personas operadas no significa que ese porcentaje represente a todos los mexicanos. Es una muestra de pacientes que ya llegaron a necesitar tratamiento quirúrgico.
La conclusión útil es otra: los problemas anorrectales forman parte habitual de la atención especializada y, cuando ya existe una lesión, la forma de limpiar la zona cobra mayor importancia.
¿Cómo deberíamos limpiarnos?
La respuesta es mucho menos complicada de lo que parece. Si utilizas papel, que sea suave y sin frotar repetidamente, y cuando tengas posibilidad, puedes lavar la zona con agua tibia y después secarla dando pequeños toques con una toalla suave.
Evita productos perfumados, desinfectantes y cualquier producto que te provoque ardor o irritación y, en el caso de utilizar toallitas, procura que no contengan alcohol ni perfume y, sobre todo, no las conviertas en una excusa para frotar todavía más.
La idea central es muy sencilla: limpio no significa tallado. La piel no necesita que eliminemos cada molécula que quedó después de ir al baño, sino que requiere que retiremos los restos sin destruir su barrera en el proceso.


Y si ya hay dolor, sangre o irritación, la historia cambia
Aquí sí conviene prestar atención a la parte médica. Si después de ir al baño aparece sangrado, dolor persistente, comezón que no desaparece, lesiones, secreción o irritación que empeora, no conviene asumir que todo se debe al papel higiénico.
Una fisura anal puede provocar dolor intenso y sangre roja brillante. Las hemorroides también pueden producir sangrado y otros síntomas. En esos casos, cambiar de papel puede ayudar a reducir la irritación, pero no sustituye una valoración médica.
Porque quizá el problema nunca fue que estuvieras usando demasiado papel. Quizá el papel solamente estaba haciendo más evidente que había algo que necesitaba atención.
La recomendación no es tirar el papel
La frase de Diego Beltrán funciona porque pone sobre la mesa algo que hacemos todos los días sin pensarlo demasiado: la limpieza también puede hacerse de forma demasiado agresiva.
Pero la evidencia disponible no obliga a declarar una guerra contra el papel higiénico. Las recomendaciones apuntan hacia algo mucho más sencillo: menos fricción, menos productos irritantes y más cuidado cuando la piel ya está lesionada o inflamada.
Así que la próxima vez que termines de ir al baño, quizá no necesites utilizar medio rollo para sentir que hiciste un buen trabajo. Si tienes que limpiar, hazlo con suavidad y, si necesitas seguir limpiando una y otra vez porque algo no va bien, quizá la pregunta ya no sea cuánto papel estás usando, quizá sea por qué.
Imágenes | Pexels, Doctoralia
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